jueves, 25 de abril de 2013

De a seis

Soñé que se sentaban seis personas en una misma mesa. Los mas ricos y los mas pobres, los de clase media y los de no tanto; los que tienen poder y los que ya no les queda ni un gramo de libertad para decidir nada. Eran políticos y representados; los que estuvieron en #Once y otros que nunca se tomaron un tren. Todos juntos y ninguno a la vez, porque en esa mesa cada uno tenía la misma voz y el mismo voto. 

Los famosos también estaban sentados, no servían las mesas como en la fiesta de Fundaleu. Estaba Rial, Tinelli y Susana; Lanata, Fariña y Baez. La boluda del megáfono y la tarada del comercial de Doritos. Esta vez no fueron ni por prensa ni porque le hubieran pagado para ir. Tampoco porque contribuyera a mejorar su desfigurada imagen pública. Querían ir.

  
Llegaron juntos Cristina, Macri, Carrió y el cadáver de El - el difunto esposo que está enterrado a seis metros bajo tierra, sin su poder ni su dinero, con esa muerte que lo iguala al que se ahogó en el último temporal-. Un poco más tarde Máximo y Florencia, que había vuelto de Nueva York y salió última de Ezeiza porque la Aduana le abrió la valija y tuvo que pagar todo aquello que nunca hubiera declarado. Y las hijas de Macri y las de la mucama de mi abuela y las del que todavía sale a cartonear. Todos reunidos en el mismo lugar. 


Era un salón lleno de mesas, todos sentados de a 6 para poder verse las caras. Algo parecido a un casamiento pero sin saber si estaban ahí para festejar o para gestionar el duelo en pleno funeral.


Se vieron las caras y las manos, las joyas y los despojos, los amuletos y las medallas. El silencio inauguró esa ceremonia en la que ninguna máscara, ningún rol, ningún estandarte ni apellido tenía preponderancia a la hora de hablar. No había maquillajes, ni botox, ni siquiera manteca de cacao. 


Hace siglos, desde la eternidad casi, que no había un encuentro tan desnudo y despojado. A este encuentro no asistieron los medios, porque no había necesidad de mediar nada. Era un encuentro uno a uno en mesas de a seis y un único relato: la realidad.


Difícil les fue a varios ir con otra cosa que no fuera la verdad. Lorenzino no pudo volver a decir que el Indec medía bien la inflación ni reafirmar que en Argentina con seis pesos se come, pero esta vez no se pudo ir. No es que en las mesas había telépatas, o videntes, o viejas sabias. Es que al hábil mentiroso en esta fiesta, las personas de carne y hueso, le fisuraron su malparida impunidad.


domingo, 17 de marzo de 2013

Las vueltas de las putas, de la vida, de la puta vida

Lo que se me había venido a la cabeza para empezar este texto me surgió cuando bajaba del bondi. Como si tuviera que aguantar las ganas de hacer pis, hice fuerza y me concentré, pretendiendo recordar la frase tan perfecta, tan brillante, tan reveladora. Las musas te tiran frases sueltas cuando no las podes anotar.

Cuando llegué a la oficina, mas rápido que lo habitual, crucé la puerta, me topé con alguien y la frase se fue volando en el primer "buen día". Como toda puta, la inspiración se goza por turno y yo lo había dejado ir.

Me senté en el escritorio y anoté en un papel lo que me acordaba. De la idea brillante, rotunda, reveladora: nada.

Guardé el papel para después, por si servía de algo. No me quejé en voz alta porque estoy tratando de erradicar la queja de mi vida y dicen que si durante veintiún días seguidos no te quejás, no lo hacés nunca mas. Hoy estoy a medio ladrido de volver a empezar. Qué difícil, che.
Lola, mi perrita divina decidió ladrarle a los chicos que volvían de bailar como a las 5 de la mañana. Entre sus agudos y mi ansiedad por todas las cosas que aun no resolví a una semana de irme de viaje, mi novio de esa mañana, el que se llevaba el primer beso, era el insomnio. Entré a Google, hice algunas búsquedas, mandé un par de mails, todo muy lento, con la parte del cerebro que me funcionaba. Me hice un mate, comí unos bizcochitos que sobraron de ayer y con  bastante pena y nada de gloria me fui a bañar. Secándome el pelo se me empezaron a venir frases a la cabeza y me dije a mi misma: será la puta la que toca la puerta ahora? A esta, la cago. Agarré el teléfono y me puse a escribir.

He aquí la frase reveladora: "No soy escritora, escribo. No soy publicista, trabajo en publicidad. Se que no tengo una respuesta para cuando San Pedro me pregunte "Quién sos?"". Eso. ¡Eso! La puta me cagó otra vez.

Estoy sentada en la bacha del baño,  a medio vestir y en patas. Mis pies están tan fríos que se sorprenderían de mi falta de circulación. Y la puta inspiración me cagó otra vez.

Pero pienso que saber que no tengo respuesta a la pregunta de San Pedro va a hacer que viaje en globo mas tranquila. Porque, como pensaba que era algo imposible para mí, me cansé de repetir ante las extravagancias de la vida: "Me falta volar en globo y ya estoy". Y la semana que viene voy a volar en globo, o sea.

Pero querido San Pedro, no tengo nada que decirte aún y tenemos un papa nuevo, que se llama como mi santo favorito y es argentino y de San Lorenzo, por si resulta que Tinelli termina siendo dios, como creen acá las revistas. Como sea, supongo que ahí estarás de fiesta. Tomate un vinito, brindá por la vida y nos vemos cuando tenga muchas canas y todas las arrugas que se le rebelen al retinol.

Porque pocas cosas pude pasar en limpio en esta vida y todavía quiero más. Porque primero fui bebé y todo me generaba asombro. Estuve un poco distraída jugando con mis pies. Cuando empecé a caminar, pensaba que todos se alejaban mientras yo avanzaba de a un paso por vez. Imaginá mi angustia: un punto de partida, miles de tropezones, infinitos destinos. A la adolescencia dejémosla guardada entre los vestidos de pana, los jeans nevados y las hormonas tiranas. Y ahora pienso estar en la juventud que me cuestiona la vida hasta que me convierta en adulta y me haga cargo de alguien más que de mi, de mi perra y de mis plantas. Adulta que tomó nota y pasó en limpio, filtrando con obsesión hasta que por fin solo quedó la persona que realmente quiso ser y no los fantasmas, ni los miedos, ni los mandatos que la disfrazaban. Crecer duele pero está buenísimo.

Así que, San Pedro querido, levantá la copa y brindá conmigo a los gritos porque la vida, como los buenos libros, se disfruta de a un capítulo por vez.


jueves, 21 de febrero de 2013

Silencio

Cuando no es tiempo de hablar es lógico que hable el silencio. Silencio que desgarra y acompleja, que hace rayones, que lima, que abre surcos. Surcos que son un camino por el cual transitar, quizá a la deriva. Surcos que pueden estar secos o embarrados pero que pueden llevar también a destinos de mucha calma.

En el silencio también hay lugares recurrentes, obvios. Lugares que mas que caminos son defensas que limitan pero no protegen. También hay senderos que no fueron construidos con un propósito, pero que están abiertos a disposición de quienes se animen a caminarlos. El destino: misterio.

Los amigos convenidos del silencio acompañan sin guardar distancia. Los miedos, las inseguridades, los fantasmas, voces de otras voces que con sus lenguas venenosas y sus ojos llenos de furia alimentan la angustia y dan de comer a cuenta gotas a la ansiedad. Son íntimos, como todos los malos amigos, porque necesitan estar cerca para agotar y destruir lo que es esencial, para dar en la llaga, para seguir desgarrando el surco. 

Abren distancia expulsándote a un territorio lúgubre y frío que aja tu piel y lastima tu alma. Porque en esa distancia te vuelven invisible de a pinceladas, dejándote sin voz, sin centro, sin luz, sin mirada. 

Así camina la crisis el inexperto: alejado y solo en su dolor. Desde afuera y con distancia prudente miran los sabios y los buenos amigos que con confianza animal saben que ésto sólo dura un rato, que esto también pasará. 

La mente chillona y criticona es compañera fiel pero los sabios no le dan potestad. No la pelean, no la escuchan. No la persuaden. Vuelven cálida a la memoria y alimentan el futuro con buenos deseos porque saben que en mundos acogedores ya no le quedará lugar.

Estos seres, que también caminaron a los golpes, contemplan y simplifican, tomando nota de lo relevante por constructivo y descartando el resto por vacío. Guardan esos papeles con sus aprendizajes en lugares sagrados porque les servirán para dar abrigo y poner a la panza contenta, satisfecha, rechoncha de tanto gusto. Saben que volverán a este lugar y que conviene equiparlo y adornarlo para el próximo encuentro. 

Pero dejarán a mano el papel más importante, aquél otro que le recordará cuáles fueron las malas prácticas, los falsos espejos, los amigos que no son tal, los ladrillos que no construyen porque son de cartón y están huecos. Porque a los amigos hay que tenerlos cerca pero a los enemigos más.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Elonguemos

Que fea sensación cuando siento que alguien es tan inflexible conmigo que tengo que elongar para no partirme en dos. Me angustia, se me cierra el pecho, se me nublan los sentidos y desearía no tenerme tan prohibida la confrontación.

Cada uno cumple un rol. 

El sistema compensa, restaura su equilibrio, sobrevive. Tiene un momento de ajuste, incómodo, lógico. Ese tiempo es de una tensión que a veces no estoy dispuesta a sostener. Es un abismo en el que convivo con la bronca y la impotencia de sentirme tironeada, invadida, esclavizada en mi espacio de libertad.

Elonguemos. 

Volvámonos sensibles y cuidadosos otra vez. Pongamos parches tibios que relajen los músculos. Ni fríos ni calientes, tibios. 

Eliminemos los fríos y despersonalizados "hay que.." y los calientes "tenes que..." por un tibio, convocador y hogareño "hacemos?", "hago", "voy a hacer", "querés hacer?". 

Tibio. 

Personalizado, reconfortante, comprometido: a eso le llamo elongar. A eso le digo tratar con cariño y cuidado, en perfecto castellano.

Tolerancia. 

Palabra que odio, que la tengo desprestigiada por falsa. Nadie tolera nada, porque eso es semejante a hacerle al otro el favor de dejarlo ser. 

Respeto.

Entendimiento, amor y coraje para asumir que yo soy yo y el otro es un otro, distinto, diferente y semejante también.  

Acerquemos lo semejante, no pongamos en jaque lo distinto, no ataquemos lo diferente. No repeler al otro ni exigirle que sea a mi medida es compromiso, es respeto, es amor. El resto, las cláusulas, condiciones, manduteadas arbitrarias: tolerancia.

Convivencia ardua esto de vivir con otros, de intentar compartir, de ser y dejar ser sin que te invadan ni violenten. No es moneda corriente, ni extensión de la tarjeta de Papá. No es lo normal, ni lo conocido, ni lo practicado. 

En la vida, los "hay que", en el cielo, los "hacemos?", en el infierno los "hacé".

miércoles, 17 de octubre de 2012

Conquistadores de estas tierras, a sus pies.


Feliz día, mamás.


Conquistan fuerte y a los gritos. Son seguros, eficientes y chiquitos. Ya desde las panzas de sus mamas ganan territorio como si jugaran desde vidas pasadas al TEG.

Por ellos, cambian los reinados. Sus madres que gobernaban las pistas, ceden todas sus características por la sola promesa de un grito pelado a las 4 de la mañana para comer. 

Nosotras, cedemos espacios y dejamos lo que estamos haciendo para correr a conocerlos, poniendo manos sobre panzas que eran chatas y que ahora están llenas de burbujitas o de hipos o de patas que pegan fuerte.

Cada vez que anuncian la venida de alguno de estos conquistadores se me para el corazón. No me entra en el cuerpo que algo que al principio no es mas que una pasa de uva pueda ocupar un lugar tan grande dentro de mi vida, que me haga ir de jeta al piso por sentirme tan cachuda.

Quiero ser bufón de corte de estos conquistadores, sacarles sonrisas, secar sus lágrimas, limpiar sus cagadas. Jugar horas, ganar terreno, aprender de ellos. Estar tan cerca que alguna vez ellos piensen: "de esta quiero ser amiga".

Los voy conociendo y les hablo por telepatía. Les digo que quiero ser amiga para que cuando odien a sus mamas porque no los dejaron salir a la calle a jugar, yo pueda contarles la otra verdad. Sus mamas son perfectas, son mis amigas, son sabias y muy buenas minas.

Son divertidas, pero van a sufrir problemas de memoria porque les va a dar mucho miedo que repitan algunas historias. Son francas y llanas, tienen buen oído y una boca que saca palabras de adentro, bien adentro.

Con ellas ladillamos, con ellas reímos tiradas en el piso, con ellas lloramos las tristezas mas grandes.

Ante estos conquistadores cedo todos mis derechos: el de hablar primero y a los gritos, si ellos están durmiendo, a decir malas palabras, a pretender ser yo a la que le presten atención. También cedo mis territorios y pongo redes para que no caigan en lugares peligrosos.

Regalo mi dignidad, porque estar tirada en el piso hablando como teletubbie del tercer mundo tiene el mejor re pago: sus sonrisas.

Por ellos dono mi mejor tesoro que son mis amigas, que ahora serán antes madres que los amores de mi vida.

Tati, Alfonso, Clarita, Joaquina, el príncipe Felipe y los que vendrán, por ustedes levanto mi copa, por sus madres me rindo a sus pies.

martes, 25 de septiembre de 2012

Viajar despeja la equis...


“Viajar despeja la equis para que resuelvas la ecuación”. Me lo digo a mi misma, medio entre consuelo y argumento para que mis ganas de irme a dar una vuelta no suene a berrinchito de preescolar. No es que tenga que explicarlo, es que cuando todas mis amigas, las de mi edad, estaban de viaje por el mundo, yo estaba acá tratando de poner las cosas en orden.

Tengo 28 años, recién cumplidos y llevados con alegría. Todavía no uso cremas con retinol, ni me animo a la presoterapia, creo que con comer un poco sano y salir a correr después de una noche de reviente bolichero, aún compenso.

Mis amigas quizá tampoco usen anti-arrugas pero hacen cosas de grandes. Tal vez porque ya despejaron la equis que le resolvió su ecuación o porque son más corajudas y se animaron a tomar decisiones aún con algunos miedos y dudas a cuesta.

Todavía no sé cuál es mi equis, ni si viene sola o está acompañada de la zeta o de la doble ve. Pero lo cierto es que siento que hay, al menos, una equis que despejar para resolver mi ecuación, que necesito aislarla para conocerla bien y entender qué significa para mí.

Así que armo mi valija, pongo un par de cosas de media estación, me enquilombo con mil trámites que me dan una fiaca terrible y allá voy.

No huyo. Dejo avisado mi itinerario y con quiénes voy a estar para que se queden tranquilos. Voy a estar bien, segura y acompañada. No llevo muchas anotaciones hechas, sólo un par de lugares marcados en un mapa con sus horarios de partida y de llegada y algún medio de comunicación para que me puedan contactar. 

Ya no desaparezco, ya no necesito dejar a nadie con el corazón en la boca para demostrar mi punto. Crecí, aunque me esté explorando a mi misma en otro lugar y en poco tiempo.

Me voy con muy buena compañía: amigas a las que quiero, personas a las que extraño, un libro que me ayude a hacer silencio y música que me haga acordar otros lugares y momentos significativos para mi. También llevo una mochila llena de expectativas y de ilusiones prefabricadas que no espero que se cumplan. Quedaron guardadas algunas piedras del pasado que pienso tirar al agua esperando que hagan sapito, quizá en el Sena, tal vez directamente en el mar.  Y guardo a mano mi cuaderno que me regaló mi amiga Agus, en el que voy a escribir lo que descubra en cada lugar, lo que recuerde, lo que sueñe, lo que proyecte.

En Buenos Aires tengo miedo a mi mente poderosa, por eso sólo deseo lo que me parece lógico y planifico aquello que puedo encasillar y controlar. Todavía me duele la panza cuando se presenta algo serendipity style. 

Supongo que estando lejos me voy a animar, voy a jugar, voy a probar. 

No pienso volver muy cambiada, solo más liviana y despejada para que nos volvamos a encontrar desde otro lugar. 

Nos vemos a la vuelta.




lunes, 3 de septiembre de 2012

Siete


En septiembre se cumplen siete años. No es nada. Son maldiciones, bendiciones, es la vida.

Son siete años menos para volvernos a ver.

Siete años de cuentos de hadas y de dragones que escupen fuego.

Siete mil besos, abrazos, te quiero.

Siete mil promesas de soltarte, pero todavía no se si puedo.

Siete silencios después de un viaje por seis infiernos.

Siete es un número de buena suerte, es redondo, es perfecto. Cinco son de mala suerte, de bronca y de enmudecimiento.

Siete son los ángeles que te acompañan, cuatro los parientes muertos.

Siete son un montón de palabras que sobran en este "te quiero". Tres son los "te extraño mucho" que siento en varios momentos. Tres es el día, el único en el que no te recuerdo.

Siete son los pasos más largos después de hacer el duelo. Dos los llantos pelados después de tu entierro.

Siete las sonrisas y revanchas, los recuerdos y los anhelos. 

Una es la vida, la tuya, la que recordándote así no me pierdo.


6 de septiembre de 1.956 - 3 de septiembre de 2.005
Near you always